Carmela Rodríguez, “Una loba que defiende a su hijo”. Entrevista por Laura Rockbell

Esta diseñadora veterana cuenta sus años de lucha por llevar hacia adelante su marca de moda sostenible, la cual ha protegido con fiereza y convicción.

Una presentación que comienza con “la diseñadora que hacía moda sostenible antes de que se llamara así” se queda en la mente, deja la miel en los labios y las ganas de escarbar un poco más.

Carmela Rodríguez responde satisfactoriamente a la expectación. Esta emprendedora comenzó su trayectoria en moda en los años 90, y desde entonces ha apostado por un modelo basado en el respeto a las personas y al medio ambiente que le ha costado no pocos sinsabores a lo largo de su vida.

La decisión de iniciar una marca de estas características se debe, tal y como ella explica, a una “consciencia bastante desarrollada” de la que disfruta desde que era niña, muy relacionada con la “sensibilidad por la violencia hacia los animales”. Sabiendo esto, parece natural que tras un poco de introspección, la diseñadora tomase la determinación de que “había que centrar la energía y hacer algo en la sociedad”. Observó en la industria de la moda dinámicas muy agresivas y quiso unir su creatividad con una propuesta de valor.

“El mundo de la moda no es concretamente lo que a mí me ha interesado nunca”, reconoce Rodríguez, “todo este movimiento de consumo (…) me echa para atrás totalmente”. La diseñadora se apresura en añadir que sus simpatías van más dirigidas a la faceta artística y que considera la moda una vía más que explorar: “Más bien es expresar (…) un elemento útil que sirve para dignificar a la mujer y defender una idea justa de mercado”.

La marca que lleva su nombre se forjó en un entorno poco agradecido en el que se sintió “totalmente bicho raro”, por eso considera: “Si no hubiera sido por la parte vocacional (…), yo no hubiera defendido de una manera tan loba” y aclara, refiriéndose a esta vocación, que “no sólo en el diseño o la moda sostenible, sino que en la vida un ser humano cumplirá con su propósito si verdaderamente es fuerte o es valiente de escuchar su parte vocacional, que es aquello que le estimula y le motiva”.

Su profunda convicción le permitió superar obstáculos como la ausencia de tejidos orgánicos en España, que la obligaron a traerlos desde Alemania a “precios desorbitados”. Cuenta como había quien se enamoraba de sus diseños, pero no podía asumir el pago, algo que resulta familiar en la actualidad: “Todavía no hay un mercado que se considere comercialmente viable para todo lo sostenible, ¡pues ahora imagínate tú en el noventa y cuatro!”.

Privacy Preference Center